Un taller de reparación de automóviles en Brooklyn se convirtió en el protagonista de una pesadilla para Louis Denory, quien pasó más de un año y medio sin poder recuperar su Ford Flex, informa CBS News. Además de la incertidumbre sobre el estado de su vehículo, Denory se vio obligado a enfrentar una multa de estacionamiento de más de 2,000 dólares, 41,126 pesos aproximadamente.
La historia de este "secuestro" vehicular ha dejado claro lo que puede suceder cuando los centros de servicio automotriz no cumplen con su compromiso. La saga comenzó en abril de 2023, cuando Denory sufrió un accidente y su SUV fue remolcado hasta A9's Automotive en Brooklyn. Posteriormente, el taller cambió de nombre a State to State Automotive. Desde el primer momento, las excusas fueron constantes: retrasos con las piezas, problemas familiares del personal, e incluso, decir no saber dónde estaba el auto.
A medida que los días se convertían en meses, el propietario comenzó a recibir multas de estacionamiento que sumaban una cifra significativa. En un principio, desconocía que su vehículo estaba estacionado ilegalmente en la calle del taller. En agosto de 2024, un juez falló a favor de Denory, por lo que responsabilizó al taller por las multas impagas, pero el taller nunca pagó.
En octubre de 2024, el propietario, con la ayuda de un reportero de CBS News, logró finalmente encontrar su vehículo en un estacionamiento cercano. Sin embargo, el Ford Flex estaba en un estado deplorable: no arrancaba, tenía las llantas ponchadas y estaba bloqueado por un camión. Al exigir la devolución del auto, Denory se enfrentó a tarifas de almacenamiento, lo que complicó aún más la situación.
Aunque finalmente pudo recuperar su vehículo con la ayuda de su aseguradora, la batalla legal continuó. Louis Denory no está seguro de si las reparaciones realizadas fueron correctas, y ahora está trabajando con la oficina del sheriff para recuperar las multas de estacionamiento impagas. Además, el Departamento de Vehículos Motorizados de Nueva York está investigando al taller, aunque los detalles aún son escasos.

Cómo detectar un taller automotriz con mala reputación
Este caso deja claro la importancia de investigar a fondo cualquier taller antes de dejar el automóvil en sus manos. Las reseñas en línea y las quejas en Profeco pueden ofrecer una visión clara sobre la reputación del taller. También podría servir ir al taller de manera incógnita y observar el movimiento de clietes, analizar sus reacciones y de ser posible conversar con ellos.
Además, solicitar un presupuesto por escrito donde el taller se comprometa con una fecha de finalización establecida puede ser clave para evitar problemas a largo plazo. En México también contamos con aplicaciones como CarKer que te ayuda a encontrar talleres de confianza en tu zona con la ayuda de recomendaciones y comentarios de otros clientes.
La historia de Denory es un recordatorio de que, cuando se trata de automóviles y talleres de reparación, la precaución nunca está de más. Lo que comenzó como un simple accidente se transformó en una pesadilla administrativa, donde Louis Denory no solo luchó por la reparación de su vehículo, sino también por la devolución de un bien que le pertenece.
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tuliptuliposa
Algo parecido le pasó a mi hija de 14 años con su bicicleta. Trabajó y ahorró por 4 meses para comprarse una bicicleta de montaña. El día de la compra ella iba con su papá, y él le aconsejó comprarse una bicicleta de 2a mano en vez de nueva, así que esa misma tarde la compraron. Pero tenía fallas que no vieron. Mi hija la metió a un taller de reparación de bicicletas y esperó la fecha de entrega. El tiempo pasò y nada . Insistimos y nada. Finalmente me planté afuera del lugar para llevarme la bicicleta así como estuviera, pero resultó que ya no la tenían. Se armó un zafarrancho y tuve que llamar a la policía. Con la ayuda de los policías pudimos recuperar la bicicleta que la tenían en otra propiedad, pero estaba con partes de otras bicicletas, además de que le faltaban partes. Encima de todo lo que yo les había pagado, y de que me entregaron el aparato incompleto, me cobraron la buscada y el almacenamiento o no me la entregarían. Aunque me negué, los policías me insistieron a que les pagara. Recuperé la bici, pero mi hija lloraba al ver su bicicleta en terribles condiciones. No la quiso más. De hecho nunca la pudo usar ni un segundo. La mal vendió y no recuperó ni la mitad de lo que había pagado por ella. Verla llorar fue lo más difícil para mí. Que impotencia. Gentuza así ventajosa e irresponsable hay hasta debajo de las piedras